- ¿Por qué sonríes al tocarme? - le preguntó ella, tratando de adivinar la razón para el brillo que refulgía tras esos ojos azules.
- Porque me gusta hacerlo. Adoro sentirte bajo las yemas de mis dedos.
Ella ladeó la cabeza, juguetonamente; sabiendo que tenía poder sobre él, que era totalmente suyo.
Se mordió el labio inferior. Le agarró del dedo y lo transporto a sus labios. Y le dijo:
- Entonces no apartes la mano nunca.
Él, entonces, la beso, como si fuera lo último que iba a hacer en su vida.